KIEV, 28 de agosto de 2025 — Un nuevo capítulo sangriento se escribió este miércoles en Ucrania, cuando Rusia lanzó un devastador ataque aéreo sobre Kiev y otras regiones, dejando al menos 21 personas muertas, entre ellas cuatro niñas, y más de 30 heridas.
El bombardeo, descrito como uno de los más intensos de los últimos meses, incluyó el uso de casi 600 drones y 31 misiles, muchos de ellos interceptados por las defensas ucranianas. A pesar del esfuerzo de los sistemas antiaéreos, los proyectiles lograron impactar edificios residenciales y sedes diplomáticas, incluyendo la misión de la Unión Europea y el British Council.
Las imágenes difundidas por autoridades locales muestran escenas de pánico y destrucción, donde rescatistas sacaban cuerpos entre escombros, algunos de ellos menores de edad. La tragedia infantil vuelve a estar en el centro del conflicto, en un contexto donde las tentativas de diálogo de paz parecen haber sido ignoradas o deliberadamente saboteadas por el Kremlin.
El presidente ucraniano Volodímir Zelenski condenó el ataque como una “respuesta brutal a los intentos de poner fin a la guerra por la vía diplomática”. Mientras tanto, líderes europeos expresaron su repudio y convocaron a embajadores rusos, denunciando la ofensiva como una afrenta directa a la estabilidad internacional.
El ataque también dejó sin electricidad a decenas de miles de personas en el centro del país, profundizando la crisis humanitaria que ya azota a millones de ucranianos.
Con niños muertos, edificios civiles destruidos y sedes diplomáticas alcanzadas, la ofensiva rusa no solo ha sido una operación militar, sino también un mensaje cruel e inequívoco contra cualquier posibilidad real de paz.




