EL SALVADOR REFORMA SU CONSTITUCIÓN: UN MENSAJE PARA SALVADOREÑOS POR EL MUNDO

Desde esta tierra que sigue siendo suya —aunque la distancia o el tiempo hayan trazado otros caminos— hoy queremos hablarles con franqueza, con respeto y, sobre todo, con un llamado profundo desde el corazón de El Salvador.

Nuestro país ha cambiado su Constitución.

Sí, ya no es una propuesta. Ya no es un debate pendiente. Es una decisión tomada.

Y en medio de la confusión, la polarización y el ruido político, sentimos la urgencia de mirar hacia afuera y decirles, a ustedes que nos observan desde lejos: no nos dejen solos.

Quienes seguimos aquí —luchando día a día entre esperanza y sobrevivencia— sabemos que algo más se ha movido que solo leyes. Se ha tocado el pacto que rige nuestras libertades, nuestros derechos y los límites del poder. Y cuando ese pacto se cambia sin una participación real, sin debate plural, sin consulta honesta al pueblo… algo se quiebra.

Sabemos que muchos de ustedes han vivido en países donde las constituciones se respetan, donde los cambios se hacen con amplios consensos y con ciudadanía vigilante. Por eso hoy les pedimos, desde esta esquina del mundo que nunca han dejado de amar:

ayúdennos a no normalizar lo anormal.

Ayúdennos a leer con mirada crítica lo que muchos aplauden sin preguntar.

Porque sabemos que el exilio, la migración o el trabajo lejos de casa no borran la raíz.

Sabemos que, aunque estén en Canadá, en Estados Unidos, en Europa o más allá, sus ojos siguen puestos en este pequeño país que duele y enorgullece al mismo tiempo.

Y es que El Salvador no solo necesita remesas.

Necesita voces. Conciencia. Unidad. Memoria. Coraje.

Necesita que su diáspora no solo mande ayuda, sino que alce la voz cuando los caminos de la democracia se tornen difusos.

El cambio constitucional ya ocurrió. Pero el rumbo del país aún puede redefinirse si nos mantenemos unidos, vigilantes y despiertos.

Desde aquí, desde este suelo caliente que tanto los extraña, les decimos:

La lucha por la justicia, la libertad y la verdad no tiene fronteras.

Y mientras ustedes no olviden de dónde vienen, El Salvador seguirá teniendo una oportunidad.

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