SERIE ESPECIAL: ENTRE CÁRCELES Y CANJES DIPLOMÁTICOS. ENTREGA 3

La operación, presentada como un hito humanitario, terminó convertida en un campo de disputa política y legal

ENTREGA 3: EL CANJE, LA POLÉMICA Y LAS ACUSACIONES CRUZADAS

El 18 de julio de 2025, el acuerdo se materializó. Un avión con 252 venezolanos partía de El Salvador hacia Caracas. Horas antes, 10 ciudadanos estadounidenses eran liberados por el gobierno venezolano. Al menos 48 presos políticos también fueron excarcelados, aunque el compromiso había sido liberar a 80.

Bukele presentó el acuerdo como un logro de su diplomacia. Según fuentes oficiales, fue él quien inició las conversaciones y propuso el canje. Sin embargo, desde Caracas se comenzó a difundir una narrativa distinta. El fiscal general venezolano, Tarek Saab, abrió una investigación contra Bukele y altos funcionarios salvadoreños por presuntos abusos cometidos contra los migrantes en el CECOT: tortura, violencia sexual y tratos crueles.

A la vez, organizaciones de derechos humanos y familiares de prisioneros venezolanos denunciaron que Maduro no cumplió a cabalidad el acuerdo. De los 80 prometidos, apenas se liberó a poco más de la mitad, y sin claridad sobre los criterios de selección.

La operación, presentada como un hito humanitario, terminó convertida en un campo de disputa política y legal. El protagonismo de Bukele fue relativizado por los hechos. Y la opacidad del régimen venezolano volvió a quedar en evidencia. Lo que inició como una jugada diplomática, dejó tras de sí un debate incómodo: ¿se puede canjear dignidad por conveniencia política?

Y como si faltara una última chispa para encender el debate, Hunter Biden —hijo del expresidente de Estados Unidos— lanzó una feroz crítica a Bukele en una entrevista con Channel 5. Lo llamó “fucking dictator, thug” y, en una explosiva declaración, dijo que si él fuera presidente:

“I would pick up the phone and call the fucking President of El Salvador and say, ‘You either fucking send them back or I’m going to fucking invade.’”

Bukele, fiel a su estilo provocador, no tardó en responder vía X: “¿Hunter está inhalando leche en polvo?”, en clara alusión al historial de adicciones del hijo del exmandatario. El comentario se volvió viral y añadió un tono burlesco al cruce de palabras, que ya rozaba lo diplomáticamente insólito.

La ironía de este enfrentamiento radica en que fue precisamente el padre de Hunter, Joe Biden, quien durante su gobierno facilitó la entrada legal de miles de venezolanos a través de mecanismos como CBP One y programas de parole. Paradójicamente, muchos de los deportados enviados al CECOT por la administración Trump, ingresaron bajo dichas políticas de protección.

Así, el legado migratorio que Joe Biden intentó construir se ve debilitado por las contradicciones de la política estadounidense: puertas abiertas ayer, deportaciones sin juicio hoy. La rabia verbal de Hunter no hizo más que ponerlo en evidencia. En este tablero geopolítico, los migrantes siguen siendo fichas, los gobiernos jugadores estratégicos, y las palabras —aunque groseras— terminan revelando verdades que los discursos diplomáticos prefieren callar.

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